Mar de Ontígola

  • Historia:

    De tiempos antiguos existía en el mismo lugar una balsa de agua conocida como el Fondón. El famoso alcaide de la Casa y Palacio de Aranjuez, nombrado en 1520, Gonzalo Chacón, mandó encauzar las aguas cercanas para dirigirlas a la balsa y así regar el prado de la población, que fue llamado El Regajal. La iniciación de la presa de Ontígola debe remontarse al 17 de mayo de 1552 cuando Felipe de Austria, como príncipe de España, firmó una instrucción ordenando a don Diego López de Medrano, gobernador de la administración del territorio de Aranjuez “que se haga una laguna muy grande en el arroyo de Ontígola, y otros dos o tres pequeños en el de hacia Ciruelos, para que vengan a ellas aves para la altanería”.  Previamente se sondearon nuevos manantiales por un muchacho zahorí llamado Juanico. La presa, fue comenzada por el arquitecto-ingeniero Juan Bautista de Toledo el 7 de diciembre de 1568 y la finalizó Juan de Herrera en 1572. El débil malecón de tierra existente fue sustituido por un muro de mampostería. El “mar” contenía varias islas que estaban provistas de cenadores, hoy desparecidos. Estuvo dedicado a abastecer de agua a los jardines de Aranjuez a lo que pronto se sumaron usos de ocio y recreo para los monarcas. Allí se celebraban torneos y naumaquias, estando pobladas sus tranquilas aguas con abundancia de cisnes, peces y aves acuáticas. Nada mejor que reproducir la descripción que hizo 1804 Juan Álvarez de Quindós:   [En el citado lugar de Ontígola se formó en 1625] una isleta en el centro y construido en ella un pabellón o cenador rodeado de barandillas con su embarcadero. Bellas góndolas y chalupas surcaban sus aguas ocupadas sucesivamente por Felipe IV y Carlos II que en ellas paseaban y hacían sus pesquerías. La reina regente Doña Mariana de Austria, esposa y madre de los anteriores, se embarcaba el año de 1668 en una lujosa góndola, cuya cámara de popa tenía columnas y adornos de plata. La singularísima fiesta de los despeñaderos era otro recreo que también entretenía a estos Reyes, que la disfrutaban desde el indicado cenador. Para celebrarla se habían construido en la cumbre de los cerros del Mediodía unas jaulas o toriles donde se encerraban las fieras y otros inocentes animales que se pensaba sacrificar. Desde estas jaulas partía un dilatado puente estrecho y con barandillas que, cruzando el camino de Ontígola, formaba un despeñadero espantoso terminando en el centro del mar. Cuando se le abría la puerta de la jaula, no tenía la fiera otra huida que esta rapidísima bajada, doblemente resbaladiza por estar el suelo impregnado de sustancias grasientas que hacían más violenta la carrera. Al llegar al agua la víctima que se inmolaba, aún trataba de salvarse sobrenadando aturdida; si era un toro se acercaban a él algunos aficionados que le capeaban desde los barcos, con el fin de acercarle al cenador, donde le esperaba el Rey para concluirle de un arcabuzazo (…) Felipe V fue el más entusiasta por aquella fiesta pues día hubo, el 23 de marzo de 1725, en que mató de este modo doce toros, tres jabalíes y un camello.

    La presa de Ontígola constituyó un hito en la historia de la ingeniería, por las innovaciones técnicas que en ella concurrieron y por ser el precedente de las modernas presas de contrafuertes que arrancaron de las españolas del siglo XVI, como fue la presa de Trujillo iniciada en 1572 por Francisco Becerra, quien llevó esa técnica a América. A esto hay que añadir la peculiaridad de ser una presa con terraplén, que la sitúa entre las primeras de su género.


    Descripción:

    El Mar de Ontígola está alimentado por el arroyo del mismo nombre, tiene una longitud de unos 1.500 metros por 500 de anchura máxima, una profundidad de entre cinco y seis metros y una superficie de poco más de 13 hectáreas. Herrera realizó una gran obra y utilizó para los diques piedra de Colmenar de Oreja. El muro de contención de la presa tiene una longitud de 140 metros, 6 metros de altura y 10 metros de espesor, con dos muros y su relleno de tierra. Además cuenta con cinco contrafuertes de 2’75 m. de anchura por 3’30 metros de longitud. En su muro de aguas arriba cuenta con otros contrafuertes internos no visibles.


    Grado de protección:

    Carece


    Estado:

    Hoy es imposible contemplar la imponente obra de ingeniería realizada con piedra de colmenar, oculta entre capas de vegetación y acumulaciones de tierra. Ni siquiera adivinar que existe, a no ser que se conozca su ubicación. El crecimiento incontrolado de las plantas ha acabado obstruyendo los aliviaderos que evitan que se desborde por lo que el agua ha rebosado por coronación, llegando a deteriorarla notablemente al arrastrar los materiales de relleno. Los lodos están colmatando el vaso de la laguna, y el carrizo, una planta invasiva, come poco a poco terreno a la lámina de agua, cuyo cuidado corresponde a la Confederación Hidrográfica del Tajo. A causa de esta colmatación por sedimentos la capacidad original de la presa se ha reducido a menos de la mitad


    Carácter de riesgo:

    Degradación del muro de contención por estar cubierto de tierra y maleza y por los reboses de agua por coronación. Grave disminución de la capacidad del embalse por acumulación de lodos. Proliferación de plantas invasoras (carrizos).


    Intervenciones y/o Restauraciones:

    Se hizo en tiempos una limpieza de la vegetación del talud que cubre el muro de la presa.

  • 2013. La CHT prepara la restauración del humedal del Mar de Ontígola. La Tribuna de Toledo.es, 24 de marzo.

  • Situación:

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Mar de Ontígola 40.019464, -3.599374 (Indicaciones)